sábado, 20 de octubre de 2012

V ENCUENTRO DE ALUMN@S DE RELIGIÓN DE LA REGIÓN DE MURCIA

V Encuentro Alumnos Religión católica 4 ESO - Bachiller

CARTAGENA 06 de Noviembre de 2012

La ciudad de Cartagena acogerá el V Encuentro de Alumnos y Alumnas de Religión Católica de 4º de ESO y 1º Bachiller de todo tipo de centro educativo de la Región de Murcia el próximo martes 6 de noviembre.

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El objetivo de este encuentro es favorecer el acercamiento festivo de todos los alumnos que cursan religión, resaltando el sentido educativo de la asignatura y reconociendo la labor de profesores y alumnos que la llevan adelante en "condiciones heroicas".

El eje argumental gira en torno al Año de la fe, y en nuestro caso, pretendemos valorar los orígenes de la fe que llegó a Cartagena, con la presencia del Apóstol Santiago y "ex hoc loco orta fuit Hispaniae Lux Evangelica", es decir, que desde Cartagena llegó la luz del Evangelio a toda España.

Se trata de conocer y valorar los vestigios y los orígenes del cristianismo en nuestra tierra. Para ello, prepararemos el encuentro previamente con algunas informaciones que se puedan trabajar en clase. Es tiempo de hacer memoria de la fe, que tiene entre nosotros origen apostólico, y testimonios de santidad y de caridad: San Isidoro, Santa Florentina, San Leandro y San Fulgencio, patrón de la Diócesis; Liciniano y tantos otros.

Imaginemos el cristianismo en Murcia durante el Imperio Romano y el tiempo de los visigodos y bizantinos en la región y demos gracias por los primeros cristianos que acogieron la fe y la Palabra de Dios, constituyendo comunidades cristianas llenas de ardor y espíritu evangélico.


BREVE HISTORIA DE LA DIÓCESIS

Los Cuatro Santos de Cartagena

San Leandro, San Fulgencio, Santa Florentina y San Isidoro son conocidos como los Cuatro Santos de Cartagena.
Con seguridad, los tres primeros nacieron en la Cartagena visigoda del siglo VI. Sobre 550 la familia se trasladó a Hispalis (Sevilla), debido al apoyo que Severiano prestaba al rey Agila I frente a Atanagildo, aliado de los bizantinos, que terminaron invadiendo todo el sur de España y estableciendo una provincia dependiente de Bizancio con capital en la ciudad de Cartagena.
En Híspalis pudo nacer San Isidoro, y en esta ciudad llegaron a ser arzobispos San Leandro y San Isidoro. San Fulgencio fue obispo de Obispo de Écija y de Cartagena. Por su parte, la tradición dice que Santa Florentina fue abadesa a cargo de cuarenta conventos.
Tanto en la ciudad de Cartagena, como en toda la diócesis de Cartagena, los cuatro santos son objeto de especial devoción. La imagen de los cuatro santos se encuentra en lugar preferente de la fachada principal de la Catedral de Murcia, sede de la diócesis de Cartagena.
San Leandro de Sevilla.
Cartagena 534 – Sevilla, 13 de marzo de 596. Leandro desde que era un niño destacó por su facilidad para hablar en público y por su agradable personalidad. Siendo muy joven entró de monje a un convento de Sevilla en el cual se dedicó tanto a la oración, como al estudio y a la meditación.
Cuando su padre murió, Leandro asumió la dirección de su familia quedándose como tutor de sus tres hermanos y ocupándose de la educación de Isidoro. Terminada la educación de sus hermanos San Leandro se dedicó a la vida monástica y a difundir el catolicismo entre los visigodos en contra del arrianismo.
Su hermano Isidoro de Sevilla le atribuye la conversión de Hermenegildo al catolicismo el 579.
Su acceso al arzobispado de Sevilla se había producido antes del 584, año en que Leovigildo tomó la ciudad, siendo después desterrado por el rey.
Levantado el destierro el 586, influyó en Recaredo para su conversión, muriendo a finales de siglo (finales de febrero o mediados de marzo del 598 o 601) en Sevilla.
La mayor parte de sus restos mortales descansan junto a los de sus tres hermanos santos, Fulgencio, Isidoro y Florentina, en una urna de plata expuesta en el altar mayor de la Catedral de Murcia.
Su fiesta se celebra el 13 de Noviembre.
San Fulgencio.
San Fulgencio, nacido en Cartagena (ciudad capital de la Hispania Carthaginensis) fue obispo de Cartagena y de Écija a principios del siglo VII, durante la época visigoda. Su familia era originaria de Cartagena.
Del latín
fulgentem, significa "resplandeciente". Es un nombre que nace en el cristianismo. Se ha prodigado muy poco, pese a su gran belleza y a los dos grandes santos que dieron más resplandor todavía a este luminoso nombre. Lo encomendaron sus padres al obispo Eterio, benedictino, para que le educase en la fe cristiana. El resultado fue que Fulgencio abrazó la vida monástica en la orden de San Benito, en Sevilla. Se dedica allí al estudio de las Sagradas Escrituras con sumo provecho: escribe comentarios sobre el Pentateuco, los libros de los reyes, los doce Profetas menores, Isaías, los Salmos y los Evangelios. Escribe también un tratado sobre la fe (De fide), el libro De las mitologías ó ficciones y uno más de Sermones. Además de propagar la fe mediante sus escritos, tomó parte activa en la gran batalla dialéctica contra los arrianos. En la guerra que estalló entre el rey Leovigildo y su hijo San Ermenegildo, Fulgencio tomó partido por este último, por lo que fue desterrado a Cartagena. A la muerte del obispo de esta ciudad, Fulgencio ocupó la silla episcopal a instancias del rey. Ocho años estuvo al frente de esa diócesis, hasta que el rey volvió a acordarse de él para resolver los graves conflictos y disensiones que había en Écija. Tan pronto como llegó Fulgencio a ocupar la sede episcopal de Écija, su natural dulce, indulgente y compasivo obró el milagro de disolver los odios enconados de Écija. Puso orden en las costumbres de los clérigos y en los monasterios, hasta convertir a Écija en un remanso de paz. Reclamado de nuevo a Cartagena, allí acabó sus días el año 658. Su fiesta se celebra el 16 de enero.
Los restos mortales de San Fulgencio se encuentran en una urna de plata, expuesta en el Altar Mayor de la Catedral de Murcia. Su fiesta se celebra con gran solemnidad en la Diócesis de Cartagena cada 16 de enero.

San Isidoro de Sevilla
Nació en Cartagena, España hacia el año 560. Su padre llamado Severiano, nacido en Cartagena, probablemente era de una familia romana, pero estaba emparentado con los reyes visigodos.
Isidoro era el menor de cuatro hermanos. Sus dos hermanos, Leandro y Fulgencio también llegaron a ser santos. Su hermana Santa Florentina, fue abadesa de varios conventos. ¡La santidad se comparte y se fortalece cuando los lazos familiares son santos!
Su hermano Leandro que era mucho mayor que él, se encargó de su educación porque quedaron huérfanos siendo Isidoro un niño. Parece ser que Leandro era muy severo, porque cuenta una leyenda, que siendo Isidoro muy niño huyó de su casa para escapar de la severidad de su hermano. Luego volvió por voluntad propia, lleno de buenos propósitos. Leandro lo encerró para
impedir que se escape de nuevo. Probablemente lo envió a un monasterio para seguir estudiando.
Un día se acercó a un pozo para sacar agua y notó que las cuerdas habían hecho hendidura en la dura piedra. Entonces comprendió que también la conciencia y la voluntad del hombre pueden vencer las duras dificultades de la vida. Entonces regresó con amor a sus libros.
Isidoro llegó a ser uno de los hombres mas sabios de su época, aunque al mismo tiempo era un hombre de profunda humildad y caridad. Fue un escritor muy leído. Se lo llamó el Maestro de la Edad Media o de la Europa Medieval y primer organizador de la cultura cristiana. La principal contribución de San Isidoro a la cultura, fueron sus Etimologías u Orígenes, una "summa" muy útil de la ciencia antigua condensando, mas con celo que con espíritu crítico los principales resultados de la ciencia de la época, siendo uno de los textos clásicos hasta mediados del siglo XVI.
Fue un escritor muy fecundo: entre sus primeras obras está un diccionario de sinónimos, un tratado de astronomía y geografía, un resumen de la historia desde la creación, biografías de hombres ilustres, un libro sobre los valores del Antiguo y del Nuevo Testamento, un código de reglas monacales, varios tratados teológicos y eclesiásticos y la historia de los visigodos, que es lo más valioso en nuestros días, ya que es la única fuente de información sobre los godos. También escribió historia de los vándalos y de los suevos.
San Isidoro fue como un puente entre la Edad Antigua que terminaba y la Edad Media que comenzaba. Su influencia fue muy grande en Europa, especialmente en España. Entre sus discípulos está San Ildefonso de Toledo
Probablemente ayudó a su hermano Leandro, obispo de Sevilla a gobernar la diócesis. Le sucedió en el cargo cuando murió. Su episcopado duró treinta y siete años, bajo seis reyes, completó la obra comenzada por San Leandro, que fue de convertir a los visigodos del arrianismo al catolicismo.
Cuenta una graciosa leyenda que cuando tenía un mes de vida, un enjambre de abejas invadió su cuna y dejó en los labios del pequeño Isidoro un poco de miel, como auspicio de la dulce y sustanciosa enseñanza que un día saldría de esos labios.
También decía San Ildefonso que "la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas".
Su principal preocupación como obispo fue la de lograr una madurez cultural y moral del clero español. Fundó un colegio eclesiástico, prototipo de los futuros seminarios, dedicándose personalmente a la instrucción de los candidatos al sacerdocio.
Como su hermano, fue el obispo mas popular y autorizado de su tiempo.
Continuó la costumbre de su hermano de arreglar las cuestiones de disciplina eclesiástica en los sínodos, cuya organización se debió en gran parte a San Leandro y San Isidoro.
San Isidoro presidió el segundo Concilio de Sevilla en 619, y el cuarto Concilio de Toledo, en 633. Muchos de los decretos del Concilio fueron obra de San Isidoro, especialmente el decreto que se estableciese un seminario en todas las diócesis.
Su sistema educativo era abierto y progresista, propuso un sistema que abarca todas las ramas del saber humano.
Según parece, San Isidoro previó que la unidad religiosa y un sistema educativo amplio, podían unificar los elementos heterogéneos que amenazaba desintegrar España y gracias a eso gran parte del país se convirtió en un centro de cultura, mientras que el resto de Europa se hundía en la barbarie.
Otro de los grandes servicios que San Isidoro prestó a la Iglesia española fue el de completar el misal y el breviario mozárabes, que San Leandro había empezado a adaptar de la antigua liturgia española.
San Isidoro se formó con lecturas de San Agustín y San Gregorio Magno.
Su amor a los pobres era inmenso. En los últimos seis meses aumentó tanto sus limosnas que los pobres llegaban de todas partes a pedir y recibir ayuda.
Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas sus faltas, perdonó a sus enemigos y suplicó al pueblo que rogara a Dios por él. Distribuyendo entre los pobres el resto de sus posesiones, volvió a su casa y murió apaciblemente el 4 de abril del año 636 a la edad de 80 años.
El año 1063 fue trasladado su cuerpo a León, donde hoy recibe culto en la iglesia de su nombre.
La Santa Sede lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1722.
Su fiesta se celebra el 26 de abril.
Santa Florentina de Cartagena.
Florentina de Cartagena o Santa Florentina fue hermana de San Isidoro, San Leandro y San Fulgencio.
Santa Florentina seguiría la senda religiosa de sus hermanos, si bien su condición de mujer la apartaba de la dignidad episcopal. Fue una persona de extraordinaria cultura y, tras recluirse en el Monasterio de San Benito, en las cercanías de la localidad sevillana de Écija, comenzaría una destacada labor como fundadora de monasterios, superando los cuarenta, para lo que contaba con una regla escrita para ella por su hermano San Leandro.
Lugares de culto. La mayor parte de sus restos mortales descansan en una urna de plata, expuesta en el altar mayor de la Catedral de Murcia, aunque también se conservan reliquias de la santa en la parroquia de Berzocana de la diócesis de Plasencia. Recibe especial veneración en la localidad de La Palma, en su comarca natal del Campo de Cartagena. En el municipio de Canet de Mar (Barcelona) se encuentra el Castillo de Santa Florentina, levantado en el siglo XI y ampliado y reformado en 1910 por el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner. En Écija hay un convento en su nombre.
Su fiesta se celebra el 14 de marzo.

 
LICINIANO DE CARTAGENA

Son muy escasos los datos biográficos que conocemos de Liciniano de Cartagena, y éstos han llegado a nosotros por dos vías principales: sus propios escritos, con lo que de ellos puede deducirse, y el capítulo que Isidoro de Sevilla le dedica en su
De uiris illustribus. Sabemos a ciencia cierta que vivió en Hispania en el s. VI, y fue obispo de Cartagena (su episcopado transcurrió en la segunda mitad), y que murió violentamente en Bizancio. Respecto a las demás circunstancias de su vida, las conjeturas que hoy se aceptan como verosímiles son éstas: en primer lugar era presumiblemente hispano, en virtud de su condición de obispo, nombramiento que en la época se regía por las directrices fijadas en Nicea; en segundo lugar, antes de ser nombrado obispo probablemente fue monje (idea expuesta por Flórez –que se apoya en Isidoro de Sevilla– y defendida por todos los biógrafos posteriores); por otra parte, debió de vivir en el monasterio Servitano, donde habría coincidido con Severo, el luego obispo de Málaga, lo que explicaría también su relación con Eutropio (aunque Platero, sin mucho éxito, lo hizo monje de San Martín de Ferraria, habida cuenta de los ataques arrianos a este centro, de los que se vio libre el Servitano; y de algunos pasajes de los escritos licinianeos); y, por último, su muerte en Bizancio, envenenado, fue probablemente producto del rencor de los familiares del gobernador Comenciolo, respecto a cuyos desmanes Liciniano habría ido a informar al emperador Mauricio (no olvidemos que en estos momentos Cartagena dependía de Bizancio, no del rey visigodo Leovigildo).
En cuanto a su obra, nos han llegado tres de sus cartas: una dirigida al diácono
Epifanio; otra con el obispo Vicente (también denominado en ocasiones Vincencio) de Ibiza como destinatario; y la tercera enviada al papa Gregorio Magno.
Pasemos escueta revista a las mismas por orden cronológico.
La primera carta,
Epistola ad Epiphanium (Carta a Epifanio), es aquélla que más indicios aporta sobre la condición de monje de Liciniano. Parece que la escribió en conjunción con Severo, y en la misma, a petición del diácono Eusebio (cuya ubicación es incierta), ambos rebaten las tesis de un obispo materialista al que no llegan a nombrar (los estudiosos lo sitúan, según diversas hipótesis, en Sevilla o Córdoba; en cuanto a sus tesis, Madoz opina que están influidas por Casiano y Fausto). Dado que en la carta Liciniano expone que no se halla en condiciones de enviar libros a Eusebio por las circunstancias políticas que están viviendo, Domínguez del Val argumenta que podría fecharse en torno al 582, año en el que Leovigildo movilizó sus tropas cerca de la Hispania bizantina. En su misiva, Liciniano expone de forma clara, con argumentos bíblicos, y sobre todo de Agustín y del De statu animae de Claudiano Mamerto, por qué no sólo Dios es espíritu, sino que también el alma y los ángeles son seres espirituales.
La segunda carta de Liciniano es la
Epistola ad Vincentium (Carta a Vicente).
Ésta es quizá la que más fama ha alcanzado, gracias a su curioso tema. Es también por otra parte, la que nos da argumentos para considerar el carácter metropolitano de la sede de Cartagena, ya que Liciniano la dirige al obispo de Ibiza, un ser crédulo y poco inteligente, quien le remitió –sin duda, como a su superior– una carta que creía haber recibido del cielo, escrita por Cristo mismo. Liciniano rebate con sensatez, y no sin falta de enojo, las falsedades doctrinales de la carta, según él de carácter judaizante, a la vez que advierte al obispo ibicenco sobre el modo de corregir el escándalo que haya podido provocar ingenuamente en su grey, dado que se atrevió a leerla desde el púlpito.
La tercera y última carta es la dirigida al papa Gregorio Magno:
Epistula ad Gregorium Papam (Carta al papa Gregorio). Tras haber leído su Regula pastoralis, Liciniano decide escribirle para, una vez elogiada y criticada doctamente, exponerle qué dificultades encuentra en llevar a efecto las normas dictadas en ella. Asimismo, aprovecha la ocasión para solicitar al papa copias de sus Moralia in Iob. La datación de esta carta se cifra en torno al 595, año en el que sabemos que Leandro de Sevilla recibió un ejemplar de la Regula. La transmisión manuscrita nos ha legado ejemplares de la misma anexos a la Regula, hecho que indica hasta qué punto las críticas licinianeas fueron consideradas justas en su tiempo, pero sobre el cuándo, cómo y porqué de esta unión nada cierto sabemos.



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